CategoríaReseñas Colette

La capa congelada que nos esconde

«Permafrost» de Eva Baltasar 

  (Reseña publicada en La Opinión el 17/11/2018)

No tengo ningún reparo en decir que hay que tener cierta experiencia vital y determinado nivel intelectual para leer sin prejuicios ni arqueo de cejas un libro como “Permafrost”. Y lo expreso así porque creo en las escritoras que no se autocensuran pensando en los lectores y en qué opinarán sobre sus reflexiones, ya que de esa osadía sale la verdad de una historia. No es la primera vez que os digo que hay que escribir como si nadie fuera a leerte, recibiendo por ello, muchas críticas desde la falsa modestia y la fingida (o no) declaración de intenciones de tantos que sólo escriben para ser leídos, pero lo hago desde la convicción absoluta de que la desnudez literaria es la única forma veraz de escribir.

Permafrost es la capa congelada permanente en la tierra que sirve de caparazón bajo el que Eva Baltasar escribe valiente y arriesgadamente sobre todo lo que la rodea sin hacer una sola concesión a familia, amigos o personalidad propia. Si su protagonista tiene tendencias suicidas perfectamente argumentadas y la rodea una hermana feliz de serlo y una madre más omnipresente que el dios católico, es de esperar que el resultado sea oscuro pero con cierta gracia. Un humor negro que se escupe sólo por impronta, una fina ironía que nace de la necesidad de no ahogarse en mierdas positivistas; un permitirse el lujo de querer disfrutar de modo explícito, hedonista o suicida del sexo, la muerte, el arte o una corriente de aire que le produzca un orgasmo.

A caballo entre el hedonismo y el más profundo nihilismo, los espejos de Eva y su narrativa se agrandan o empequeñecen como en el cuento de Alicia pero sin explicaciones mágicas; una es lo que piensa y no lo que finge para ser acertada, aceptada o integrada y nos deja ver en sus letras qué contesta para pasar por ello, qué clase de persona es la que se mueve en una ratonera cuando vivir es una forma de teatro donde no existe apuntador ni ensayo. Vida, que sólo hay una, para ser tratada como una cree, como una siente aunque la destruya. Vida, que sólo hay una para jugarla a nuestra manera.

El relato es duro y, en ocasiones, cruel con temas en los que todos somos mas condescendientes o permisivos para no ser tachados de huraños o insensibles: maternidad, sexo, lesbianismo, compromiso (entre otros). Ahí radica la diferencia y su maestría,; su valentía y la diferencia. Es una caída en picado o una noche que no se acaba, sí. Es quizás cruzar el límite entre el escepticismo y la frivolidad que rodea a la amargura. Es, no lo niego, un modo de cretinismo en ocasiones y de sátira virulenta.

Absténganse moralistas, políticamente correctos e incluso “modernos” que dicen serlo cuando escriben sobre ello de modo impostado. Para escribir así hacen falta más que intenciones o ganas de provocar; hacen falta agallas y sobre todo, no tener el más mínimo sentimiento de culpa por ello.

Para escribir este libro se necesita levantar la barbilla, las vergüenzas, las tristezas y las flaquezas y convertir una personalidad arrolladora en un libro que escandalice a los más aburridos adjetivos. Llamar a las cosas por su nombre desde un consciente convencimiento puede hacer literatura; al revés es buscar palabras o adjetivos en diccionarios mientras lloramos porque no sabemos describir la realidad.

Escrito por Raquel Carrasco Fundadora de Colette Letras y Tragos